#EstampasDeMiCuba - El mayoral en el medio y dos de sus peones más reconocidos y leales a su lado, como si el látigo impuesto les hubiera borrado la memoria. Pablo Milanés, recluido en las UMAP, luego disfrutó de la rienda dada por Fidel Castro para campear por su respeto dentro de Cuba. El tracatán de Silvio Rodríguez, en sus propias palabras, nunca se enteró de nada, no sabía que había presos políticos y parece haber tenido el cuerno del unicornio azul clavado entre ojo y ojo. Reinaldo Arenas sufrió cárcel y vejación por ser homosexual. Partió al exilio y nunca se regodeó con su verdugo. Estos dos esperpentos lo alabaron, se congraciaron con él y, luego, como Ana Belén, Víctor Manuel y Sabina, otros perritos falderos de Fidel Castro, decidieron «desligarse de la Revolución cubana».
Socialistoides idiotizados que jamás habrían dejado España de manera permanente para mudarse a Cuba, no como cantantes, sino como cubano de a pie, ultrajado y hastiado del sistema.
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