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domingo, marzo 07, 2010

Salsa triste



Los domingos me levanto y me voy al mar, antes en patines, ahora en velo porque tengo la embriaguez de los medicamentos y parezco un barco dando tumbos, pero como soy buen tronco el comején no me muerde. Nunca escribo en los blogs, excepcionalmente, hoy pues espero que se asen unos pollos para compartirlos bajo el sol que anuncia que la primavera se acerca.

Los domingos pienso en mi familia- es un clavo que ahuyento entre semana para poder cumplir las tareas de subsistencia monetaria-y me digo ¿qué habrá sobre la mesa del kilómetro 101?

Hace años que me asoma la cantaleta de la comida, que si es poca, si el pan llega, si consiguieron aceite, si pudieron comprar arroz. Por suerte el pescado no falta mientras mi padre - bastante viejito me cuentan, no sé como se ha surcado su rostro, ni tampoco sé si podrá reconocerme con el tiempo en que hemos estado obligados a vivir distantes-, descienda hasta el San Juan y en los barcos que fabrica se lance a la bahía.

Las aguas están revueltas, esto puede significar mucha o poca pesquería, depende de las corrientes y es largo explicar para los no hijos de pescadores.

Es una época de contradicciones, quiero que se llene el plato de los míos mientras otros cubanos se lanzan en huelgas de hambre. Que paradoja, en el país donde las carencias alimentarias matan lentamente, entorpecen el cerebro – la misma sensación de los medicamentos, esa que tenía en el Vedado cuando descendía a hacer la cola y recuperar una cantidad ínfima de productos- se enfrenta a disidentes que utilizan el mismo método de dejarse morir, de meterse en fragilidad para denunciarla.

Mi abuela no comprende nada de esto, y yo tampoco. El ser humano es impredecible y reacciona al golpe y a su suerte de forma diversa. Algunos pondrían excrementos en la entrada de los establecimientos oficiales de la dictadura, otros llenarían los muros de grafitis o saldrían a acostarse en la plaza, -“aquí nadie se levanta, es un plantón nacional” – o como me suelta un amigo de la isla: “morirse chingando, con la poca comida que hay”, cualquier acto para acelerar el movimiento de la vida, del cambio, y ahuyentar a los establecidos en el poder.

Son tantos años en el mismo cuento, rodeados de vandálicos corta el habla, corta intenciones para convertirse en nuevos dictadores, confundiendo la espiga y perennizando esa estación inhumana que aumenta en represiones y se eterniza. Todo ese cuento del sacrificio humano por un futuro mejor, esa labia de pirata cercenando, ese estimulo ficticio del héroe que dará nombre a una escuela… que estoy por afirmar que una dictadura perdura por los tiranos y sus especies mutantes de oportunistas,represores, ciegos, tontos y malintencionados y sobre todo por la fractura filosófica que nos aleja de la vida.



He leído de todo en estos días, que cacareo inmundo. Yo no me acuerdo haber entrado a ningún dealer para hacer un acuerdo con una persona en donde me viera beneficiada económicamente al hablar de Cuba y de momento entro a mi pagina a contestar los comentarios de amigos y me topo con que me acusan de censurar vómitos y ser de extrema derecha.

Esa es la nueva coletilla: hay blogs de derecha y otros de izquierda y tao, tao, tao, como si esas direcciones no fueran, actuasen y representasen mentalidades diferentes según el país o el continente. Pues si que hemos progresado, ya nadie sigue a una pandilla por mucho que desaliente, la pesadilla castrista de Don Nadies que tienen el mismo estrato, la ruindad de los verdugos.

Hay gente honrada que defiende lo que considera justo y marañosos de contiendas, simplemente eso, que entorpecen los causes libertarios. El camino a la democracia sigue lleno de piedras y por nada del mundo me gustaría que otro cubano muriera para hacerles el favor de ganar en un cochino juego de “Nitendo-Cuba” virtual y no apruebo ninguna campaña funeraria.

Seguiré en este espacio con “mis historias bizarras y anormales” porque son verídicas para el mundo de los guajiros, los cubanos del barrio, la gente que no justifica nada porque nada tiene, con unas ganas reales de escribir que no me quita nadie.

En fin, domingo en la Normandía, aguas revueltas, peces, tiburones y el huevo cubano cerrado.