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lunes, noviembre 08, 2010





Porque la estupidez humana existe. Fuera de los medios y dentro de ellos.

¿Conviene prohibir la estupidez, como en varios países se ha prohibido proclamar que no existió el Holocausto? Creo que no. La estupidez fermenta en la clandestinidad y acaba adquiriendo, para algunos, la condición de “verdad oculta”.

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viernes, julio 30, 2010

Cuba, víctima de la estupidez humana



Para Marga. "Margarita, hoy no he visto el Paraíso". Digital Art by C.K. Aldrey


"La gente cree que es libre en ausencia de controles externos,
sin embargo es prisionera de una forma de dominación más
profunda e insidiosa: tiene una sola manera de mirar el mundo."

- Bill O'Brian -



Analizando los acontecimientos en referencia a la posición de los sectores reaccionarios como la extrema izquierda respecto a Cuba, puedo decir que mi desencanto no tiene límites. Nuestra pobre isla es objeto de manipulación constante en aras de anti-imperialismos absurdos. En su léxico dejaron de existir muchas palabras que en el mundo libre se lograron a fuerza de centenarias luchas y sacrificios: libertad de expresión, pluralidad, consenso, reconciliación, derechos humanos, paz, fraternidad. En Cuba, el idioma castellano se ha ido empobreciendo de conceptos progresistas inherentes a la democracia, y enriqueciendo con expresiones, frases y palabras que reafirman como estandartes de guerra, una nueva forma de vida sólo posible en países sin bienestar ciudadano. Son las palabras de la supervivencia, de la intriga, del misterio confabulado, del desdoblamiento, de la carencia, del militarismo, de la desesperación y el pillaje. Palabras implantadas por el surrealismo castrense que navegaron a la subconsciencia del pueblo y se estamparon tristemente en sus neuronas, dejándoles a cambio una amargura que en cinco décadas y por un fenómeno de memoria histórica, se ha integrado genéticamente a su organismo.

Siempre me ha intrigado la existencia de una pléyade marxista que convoca a la libertad y la solidaridad, al compañerismo y a la unión, y que en cambio apoyan a los regímenes más duros y obscuros que gobiernan sobre la tierra. Y me intriga más por el hecho de que muchos de esos simpatizantes, fueron a su vez víctimas de dictaduras, hijos o nietos de mártires, o sencillamente intelectuales con inteligencia para comprender que ningún bandido en el poder que reprima a sus conciudadanos, es persona digna de respeto, admiración y mucho menos de confianza. Cuando en un país existen miles de encarcelados, exiliados, desaparecidos, ajusticiados, y su economía nunca ha estado enfocada a incrementar los beneficios de su población, o por lo menos, que se haya mantenido en su agenda un creciente interés por ello, significa que algo está mal, que no funciona, que por la lógica de los acontecimientos se destapará el disgusto popular y por lo tanto, que surgirán movimientos e individuos que luchen contra el poder opresor.

Sobre la memoria histórica

Carlomagno, tras 47 años de reinado, dejó una estela de muerte y desolación a su paso, la Historia lo enaltece como lo ha hecho siempre con los conquistadores, y lo sitúa en un marco casi religioso de reverencia. En realidad, no fue más que un guerrero en extremo ambicioso que definitivamente cambió la Historia, pero que ignoró su misión más importante, el bienestar, la seguridad y la paz de sus súbditos. “En su actitud expansionista, serán los eslavos los nuevos enemigos de Carlos luchando contra los welátabos, a los que se aliaron los sajones. Estos pueblos del mar Báltico se rebelaron en diferentes ocasiones realizándose diversas expediciones militares contra ellos.” (1) De modo que nos encontramos con que la Historia es un círculo de repetición que cada ciertos ciclos, vuelve sobre sus huellas y duplica los acontecimientos, algo así como un reloj de pared con su tic-tac irremediable.

Carlomagno fue admirado con fervor por miles de adeptos que lo siguieron hasta la misma muerte, dentro y fuera de las fronteras de sus dominios, y durante el transcurso de los tiempos, antes y después de él, existieron otros tantos que encabezaron rebeliones necesarias para cambiar el injusto panorama de sus naciones, o que revolvieron sus ignoradas existencias por instintivas ansias de poder para sublimar el ego minimizado, o porque les entró una pajita en el ojo y arremetieron en contra de la humanidad para desquitarse de la maldita pajita que les nubló la vista hasta dejarlos ciegos. Y siempre, por lo que fuera, hubo idealistas que justificaron que el ciego asesinara en nombre de la pajita. Triste, muy triste. Nuestra inmadurez como seres humanos llega a unos extremos insospechables. Hemos sido capaces de amar a César, Hitler, Napoleón y Mussolini, a Perón o a Pinochet, y aunque se me ericen los pelos al mencionarlo, a Fidel Castro. Hemos adorado a criminales, a falsos héroes que se han inventado biografías exaltadoras de virtudes para ocultar las obscuras fuerzas que se han debatido dentro de sus malsanos y retorcidos corazones. Los hemos hecho crecer, reafirmarse en su fiebre de plenipotenciarios, les hemos construido monumentos, estatuas, tronos, mausoleos, castillos, mansiones, los hemos aplaudido y por ellos hemos odiado, repudiado, censurado y denunciado hasta a nuestros seres queridos como bien sabemos los que hemos vivido en un país ultrajado como Cuba.

Hemos entregado nuestras almas para ser asimiladas por la malignidad de cerebros orientados al vampirismo político. Y horror, nos hemos sentado en las piernas de esos neuróticos para ser amamantados y luego convertidos en bocado predilecto de la voracidad dictatorial. Si bien es cierto que gran parte de este conglomerado humano al que pertenecemos goza y ha gozado de seres extraordinarios, somos, en cierta medida, la raza maldita que el pecado original (o cualquiera que haya sido la circunstancia real o mitológica) se encargó a conciencia de convertir en lo que hoy somos capaces de ser. Einstein lo sugirió cuando afirmaba que su invento usado para el bien, sería de gran utilidad en el mundo, pero manipulado un desastre de proporciones devastadoras, con lo cual demostró su desconfianza en el hombre. Y precisamente de Einstein hay una frase que siempre me gusta mencionar por su cotidiana vigencia: “Dos cosas inmensas existen en la vida, el Universo y la estupidez humana.” El siguiente párrafo tiene que ver con ella.

Según la agencia AIPE de Miami, “Libertad Digital -el principal diario español en Internet - informó sobre un estudio elaborado por Iñigo Moré, director de la consultora Mercados Emergentes. La investigación, publicada por el Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, con sede en Madrid, reveló las fuentes de financiamiento, durante el primer trimestre de 2003, de las más sanguinarias dictaduras del mundo: Cuba, Irak, Corea del Norte, Irán, Libia y Siria. Su financiamiento proviene principalmente de bancos franceses y alemanes.

Según Michael González, subdirector editorial del Wall Street Journal Europe, “Francia no fue solamente la principal fuente de fondos para los baasitas de Irak. Los bancos franceses han financiado a otros execrables regímenes. Son los prestamistas N° 1 de Irán y Cuba y de enemigos anteriores y actuales de Estados Unidos, tales como Somalia, Sudán y Vietnam”. Entonces aquí nos viene a la mente otra de las clásicas preguntas que nos hacemos cuando nadie nos escucha a los cubanos exiliados, y es que cómo es posible que estos países, por ambición desmedida, hayan vendido sus principios y ensuciado su imagen sosteniendo gobiernos que abiertamente atentan contra los derechos humanos y que impunemente sufragan focos de inestabilidad en otras regiones a costa de la represión y la miseria de sus pueblos, porque sin lugar a dudas, subvencionar intervenciones militares en terceros países, o actividades paralelas relacionadas, es gastar un dinero que por obligación ciudadana debe de invertirse en el bienestar nacional, no en utopías de imperio enano. Un país tercermundista como lo es Cuba hoy por hoy, no se puede dar lujos quijotescos. Desdichadamente, está gobernada por alucinados y corruptos que por suerte están encerrados en una isla, y sostenida por el miedo y la ignorancia.


Sobre la adoración política

Desde que el hombre tuvo conocimiento de su medio y arrastró por el cabello a la mujer para esposarla y así mitificar el dúo procreador, surgió la adoración (2). Aunque esta palabra siempre se ha identificado con un concepto más bien religioso desde el surgimiento del cristianismo, lo cierto es que el concepto en sí data desde el primer orgasmo de la humanidad. Aquella mujer que inspiró un gruñido atronador al cavernario troglodita, aquél musculoso y peludo ser de las nieves de aspecto devorador que sedujo a la más hermosa de las fealdades primitivas, hicieron que la adoración se convirtiera en carrera veloz hacia la cima de la humanidad. Las estrellas, los aerolitos, los cometas que traspasaron la estratosfera para estrellarse contra la superficie de la selva virgen de los comienzos, multiplicaron la indecible necesidad humana de reverenciar lo inexplicable, entre otras cosas, surgieron con ello los tahúres que hicieron del misticismo una profesión lucrativa, y nacieron las primeras mitologías y las elites sacerdotales. El hombre, presionado por el agreste y violento mundo que le había tocado vivir, por instinto desarrolla dos tendencias que siempre lo acompañarían en su evolución a través de los siglos: su agresividad autodefensiva, y su urgencia de sentir protección. Y con ello, la fe, la esperanza, el amor, y la gradual formación de complicados sentimientos, emociones y trastornos psicológicos que poco a poco se fueron integrando a la naturaleza humana como parte esencial de su estructura. Mientras el hombre utilizó su inteligencia para sobrevivir en la selva, se puede decir que la colectividad representaba ese organismo integral necesario y armónico que hizo de los primeros pueblos un ejemplo dinámico de solidaridad humana. Pero cuando entendió que las condiciones cambiaban, su espíritu comenzó a independizarse hasta llegar al punto desastroso de nuestro presente: la desintegración paulatina de la sociedad contemporánea. Desde luego, muchas son las opiniones al respecto y este artículo no pretende desentrañar científicamente ninguno de los aspectos reflejados en él, pero yo me siento estimulada a opinar de acuerdo a mis observaciones constantes, a mis vivencias personales en el reducido medio en el que vive el ser humano de hoy, en esa geografía urbana que promueve la insolación y segrega la individualidad al ghetto y la marginalidad existencial.

En la adoración política, nuestra raza ha emitido infinitas señales de humo equivocadas, y el humo se ha ido expandiendo hasta cubrir gran parte de los textos históricos. Para poner un ejemplo: se han hecho experimentos de cómo una frase dicha al comienzo, cuando viaja de boca en boca deja de significar lo que inicialmente se pretendía. Las historias de las mil y una noches, origen de historias reales, con el tiempo devinieron alfombras voladoras y genios de lámparas mágicas. Nuestros conquistadores, que mucho han sabido de palabras y fraseologías mundanales, han apuntalado siempre sus tejados con vigas abstractas y una vasta y muy bien organizada propaganda proselitista de encantadores de serpientes. Siempre los mismos slogans, las mismas promesas, los mismos compromisos sociales, obligando a visualizar el final del túnel en donde de pronto todo será luz y progreso y el oscuro camino un pasado que tuvo que existir para que la luz renaciera. Y con ese discurso de oradores iluminados, la harta humanidad se deja abarcar por el asfixiante, imposible de liberar, abrazo de la muerte filosofal. La adoración ha dejado su campo abierto para esas rodillas pertenecientes a los más necesitados individuos de la tierra, y la ilusión se parte en pedacitos como naranja dulce para ofrecer su jugo a los sedientos infelices, que de pronto son alegres y optimistas soldados de las utopías. Al menos, en las religiones profesadas y practicadas con benevolencia y amor, existen códigos de natural comunicación espiritual con la esperanza que libera las agonías internas, el sufrimiento, las negatividades y las supuestas culpas adquiridas y heredadas de los prejuicios y las tragedias de la existencia, pero en política, definitivamente, estamos hablando de un juego a veces mortal en donde los principales protagonistas, los entronados por la voluntad de muchos factores en conjunción, mueven las piezas en un tablero de improbables prácticas y abundantes teorías. Por supuesto, es una de nuestras desgracias depender de los políticos para garantizar el orden social, sobre todo de aquellos que someten a través de la barbarie a sus respectivas naciones, pero estamos de acuerdo en que sin ellos, en la sociedad estarían ausentes aquellos que en sus primeras etapas de crecimiento dedican sus vidas a la lucha por los derechos de los conciudadanos y crean las bases del crecimiento económico. Es una gran lástima que la corrupción, el ansia de protagonismo, los complejos de superioridad, la ineficiencia y la incapacidad para gobernar con justicia, conviertan los sueños en agua contaminada escurriéndose entre los dedos de la avaricia y la estupidez.

Sobre la inconsciencia

Cuba lleva cinco décadas arando en el hambreado mar que lo rodea y construyendo hipotéticas murallas de defensa contra el imperialismo norteamericano. Miles de sus hijos han sido juzgados arbitrariamente, torturados, asesinados, vejados hasta la saciedad, despojados de sus elementales derechos, sin embargo, hombres y mujeres sin claridad de conciencia alrededor del planeta aún apoyan la crueldad del régimen fidelista, como se demostró recientemente en España en la presentación del poeta y escritor cubano Raúl Rivero programada en la Universidad de Sevilla. Sin embargo, como dice el Diario de Sevilla en su edición del viernes 7 de Abril, “…a la misma hora, en una abarrotada Casa de la Provincia, el también escritor Eduardo Galeano –icono de la progresía y represaliado por las dictaduras militares– podía dar una conferencia tranquilamente.” Y yo me pregunto, Dios, hasta cuando ese mundo que injustamente se parapeta detrás de los últimos vestigios del otrora socialismo, por demás totalmente disfuncional, impráctico y deshumanizante, tendrá sus ojos cerrados a la triste realidad que vive mi país.

Einstein era un genio, lo sabemos perfectamente. De todas las frases famosas que he escuchado, me quedo con la suya sobre la estupidez y el Universo. Y desde luego, entre la estupidez y el Universo, gana lo segundo, al menos para mí. De todas formas, algún día el hombre se verá forzado a superar la estupidez si desea sobrevivir en este planeta tan necesitado de paz y entendimiento. La puerta de comunicación existe, sólo es posible encontrarla con un poco de amor y una sana disposición al diálogo: la puerta está en nuestros propios corazones.


Carmen Karin Aldrey
(Publicado en Linden Lane Magazine)


(1) ArteHistoria.com

(2) Adoración - Latín: ad orare (rezar) Acto de religión por el cual Dios es reconocido como el único digno del honor supremo, por ser infinitamente perfecto, tener dominio supremo sobre todos los hombres y el derecho a la sumisión y entrega total de todos los seres. La adoración es un acto de la mente y la voluntad que se expresa en oraciones, posturas, actos de reverencia, sacrificios y con la entrega de la vida entera. La adoración es el primer acto de la virtud de la Religión. Ej. Adoración Eucarística // Epifanía. (Corazones.org). Adorar - Reverenciar a un ser como cosa divina.// Reverenciar o rendir culto a Dios.// fig. Amar intensamente. (Larousse)